viernes, 26 de diciembre de 2008

Noche de Navidad

Pasó la Noche del día 24 y mejor de lo que me esperaba. Cenamos algo más especial que un día de diario. De primero picoteo de langostinos, pulpo a la vinagreta y mejillones a la vinagreta…
Seguido una sopita calentita de Cocido Madrileño. Segundos platos unas chuletas de cordero y filetes de merluza con salsa bechamel rosa, con huevitos rojos de arenques. Es una receta inventada que le yo le di por nombre pescado de Navidad. A elegir para quien quisiera pescado o chuletitas. Al final probamos un poco de todo. De postre fruta fresca de la temporada: Kiwis, naranjas, peras, manzanas… Turrón, polvorones y brindis con Cava Catalán.

Una velada sosegada y parlanchina. El tema fue como vivían en la posguerra. Cenamos con dos abuelos de 76 años. Son quintos y muy diferentes en comportamientos, forma de vivir y pensar.
Mi padre comentaba que él trabajó mucho en los años 40. Trabajaban y trabajaban de sol a sol, y apenas tenían para comprar pan. Todo el día cavando, atando lo que otros segaban como algarrobas, trigo… para cobrar 2 pesetas al día y una ración de pan y tocino. Por más que trabajaran seguían en la miseria y en la pobreza. Comentaba que ellos no pasaron hambre, pues mis abuelos paternos, los padres de mi padre, tenían cabras. Cambiaban quesos que hacían por harina, pan, por azúcar… Tenían leche pero no la probaban. No desayunaban un tazón, no. Ésta iba para hacer quesos que vendían y hacían trueque y se la vendían a los más ricos. Patatas no les faltaban y para desayunar comían patatas viudas. Mi padre contaba que todos comían en un mismo plato y que el que era lento, se quedaba sin comer. Decía que iban en invierno con unas albarcas y los pies llenos de grietas. Heridas que la humedad, el frio y la poca higiene hacían que sus pies sangraran y se infectaran. También narró que las mujeres criaban niños de la inclusa (casa cuna). Con el dinero que recibían para alimentar y cuidar de los niños, comían todos los de la familia. Mi padre se crió con una niña que siento muy pequeña y en los juegos infantiles, con una piedra aplastaron una bomba de la Guerra Civil Española, en La Rem, un lugar donde tenían una pequeña viña. La niña quedó ciega y al poco tiempo murió. A mi padre que era un niño de la misma Edad que Paulina, le entró metralla en el cuerpo y una mano se la deformó. Estuvo amena la velada, aunque sus ojos se llenaban de agua salada. Nos decía, vosotros, los jóvenes de ahora no sabéis lo que es pasear hambre y trabajar como animales.

Víctor, un soltero de 76 años. Culto, tiene mundo. Cuando joven estuvo en Francia trabajando, y navegó por todo el mundo como marino. Contaba que con 25 años estuvo en Francia en una orgia. Relató que en todas las orgias hay de todo. Hay homosexuales, Bisexuales y heterosexuales. Nos reímos porque decía que en la orgia una de las cosas era que a través de una ventana se veían un culo, que por el tacto tenían que averiguar si era de hombre o de mujer, este juego era a media luz. Todo un figura el buen señor Don Víctor.
Contaba que aquí en España por los años cuarenta, el hambre hacía que hubiera picaresca. Había un hombre bien maduro que les preguntaba a los niños:
- oyes chaval, ¿tienes hambre?
A lo cual el niño se quedaba respondía:
- Sí claro que tengo hambre.
Quien era el niño que aun comiendo no tuviera siempre hambre. El señor le decía:
- ¿Te invito a comer, quieres?
El niño se quedaba algo extrañado y el hombre le decía:
- No, no te preocupes, solo vamos a comer.
Total que entraban en un restaurante, casa de comidas, fonda… y el hombre pedía de todo. SE ponían de comida hasta el culo, como se suele decir. Llegada la hora de pagar, el hombre se echaba palo al bolsillo del pantalón y decía:
- ¡¡¡ Andááááá, me he dejado la cartera en casa!!!
Total que le decía al dueño del restaurante:
- Mire, le dejo al niño y voy a casa a por la cartera.
Y pasado un buen rato el dueño le decía al niño:
- Tu padre tarda mucho. ¿Donde vivís?
Y la pobre criatura decía:
- No si no es mi padre, es un señor que me ha invitado….
Este era un timo de la estampita. Una forma picaresca de comer. Al niño no le pasaba nada y se iba con la barriga llena.

Este tipo, o forma picaresca, no estaba penado siempre y cuando, en la comida no se hubiera pedido vino, ni cerveza… Nada de alcohol Si se había pedido vino y le pillaban, si tenía pena de cárcel. Muy curiosa la anécdota.
Y así estuvimos hasta las doce y media de la noche los tres. Mi padre aburrido y con bostezos después de contarnos sus batallitas, se había ido a dormir a las 22:30.
No hubo regalos comprados y si compartimos cena y experiencias. El mejor regalo fue nuestra compañía.

Nos bajamos a la plaza y Víctor se fue a su casa y nosotros al bar con los primos de mi compañero y amigos. Y bueno allí la tertulia tuvo otros temas diferentes: el trabajo, la vuelta a este, la lotería…
Yo me puse al lado de una ventana y de vez en cuando ventilaba el local :-). Protestaban por el frío y yo protestaba por el humo. Nos acostamos a las 4 de la mañana. Algunos iban muy contentillos con algún cubata que otro. Pero no bebieron mucho. 3 cubatas en la noche. Yo una manzanilla y un zumo de naranja. No se vieron ni escucharon rondas. La tradición se va perdiendo poco a poco.
Amigo Víctor
Mi Padre

2 comentarios:

Tony dijo...

Muy bueno,
con cuatro lineas narras una buena velada de nochebuena
Felicidades.

isa dijo...

Gracias Tony. Deseo que lo hayas pasado muy lindo con tus nietas, tus hijos/a y esposa.
Un abrazo