viernes, 26 de diciembre de 2008

Noche de Navidad

Pasó la Noche del día 24 y mejor de lo que me esperaba. Cenamos algo más especial que un día de diario. De primero picoteo de langostinos, pulpo a la vinagreta y mejillones a la vinagreta…
Seguido una sopita calentita de Cocido Madrileño. Segundos platos unas chuletas de cordero y filetes de merluza con salsa bechamel rosa, con huevitos rojos de arenques. Es una receta inventada que le yo le di por nombre pescado de Navidad. A elegir para quien quisiera pescado o chuletitas. Al final probamos un poco de todo. De postre fruta fresca de la temporada: Kiwis, naranjas, peras, manzanas… Turrón, polvorones y brindis con Cava Catalán.

Una velada sosegada y parlanchina. El tema fue como vivían en la posguerra. Cenamos con dos abuelos de 76 años. Son quintos y muy diferentes en comportamientos, forma de vivir y pensar.
Mi padre comentaba que él trabajó mucho en los años 40. Trabajaban y trabajaban de sol a sol, y apenas tenían para comprar pan. Todo el día cavando, atando lo que otros segaban como algarrobas, trigo… para cobrar 2 pesetas al día y una ración de pan y tocino. Por más que trabajaran seguían en la miseria y en la pobreza. Comentaba que ellos no pasaron hambre, pues mis abuelos paternos, los padres de mi padre, tenían cabras. Cambiaban quesos que hacían por harina, pan, por azúcar… Tenían leche pero no la probaban. No desayunaban un tazón, no. Ésta iba para hacer quesos que vendían y hacían trueque y se la vendían a los más ricos. Patatas no les faltaban y para desayunar comían patatas viudas. Mi padre contaba que todos comían en un mismo plato y que el que era lento, se quedaba sin comer. Decía que iban en invierno con unas albarcas y los pies llenos de grietas. Heridas que la humedad, el frio y la poca higiene hacían que sus pies sangraran y se infectaran. También narró que las mujeres criaban niños de la inclusa (casa cuna). Con el dinero que recibían para alimentar y cuidar de los niños, comían todos los de la familia. Mi padre se crió con una niña que siento muy pequeña y en los juegos infantiles, con una piedra aplastaron una bomba de la Guerra Civil Española, en La Rem, un lugar donde tenían una pequeña viña. La niña quedó ciega y al poco tiempo murió. A mi padre que era un niño de la misma Edad que Paulina, le entró metralla en el cuerpo y una mano se la deformó. Estuvo amena la velada, aunque sus ojos se llenaban de agua salada. Nos decía, vosotros, los jóvenes de ahora no sabéis lo que es pasear hambre y trabajar como animales.

Víctor, un soltero de 76 años. Culto, tiene mundo. Cuando joven estuvo en Francia trabajando, y navegó por todo el mundo como marino. Contaba que con 25 años estuvo en Francia en una orgia. Relató que en todas las orgias hay de todo. Hay homosexuales, Bisexuales y heterosexuales. Nos reímos porque decía que en la orgia una de las cosas era que a través de una ventana se veían un culo, que por el tacto tenían que averiguar si era de hombre o de mujer, este juego era a media luz. Todo un figura el buen señor Don Víctor.
Contaba que aquí en España por los años cuarenta, el hambre hacía que hubiera picaresca. Había un hombre bien maduro que les preguntaba a los niños:
- oyes chaval, ¿tienes hambre?
A lo cual el niño se quedaba respondía:
- Sí claro que tengo hambre.
Quien era el niño que aun comiendo no tuviera siempre hambre. El señor le decía:
- ¿Te invito a comer, quieres?
El niño se quedaba algo extrañado y el hombre le decía:
- No, no te preocupes, solo vamos a comer.
Total que entraban en un restaurante, casa de comidas, fonda… y el hombre pedía de todo. SE ponían de comida hasta el culo, como se suele decir. Llegada la hora de pagar, el hombre se echaba palo al bolsillo del pantalón y decía:
- ¡¡¡ Andááááá, me he dejado la cartera en casa!!!
Total que le decía al dueño del restaurante:
- Mire, le dejo al niño y voy a casa a por la cartera.
Y pasado un buen rato el dueño le decía al niño:
- Tu padre tarda mucho. ¿Donde vivís?
Y la pobre criatura decía:
- No si no es mi padre, es un señor que me ha invitado….
Este era un timo de la estampita. Una forma picaresca de comer. Al niño no le pasaba nada y se iba con la barriga llena.

Este tipo, o forma picaresca, no estaba penado siempre y cuando, en la comida no se hubiera pedido vino, ni cerveza… Nada de alcohol Si se había pedido vino y le pillaban, si tenía pena de cárcel. Muy curiosa la anécdota.
Y así estuvimos hasta las doce y media de la noche los tres. Mi padre aburrido y con bostezos después de contarnos sus batallitas, se había ido a dormir a las 22:30.
No hubo regalos comprados y si compartimos cena y experiencias. El mejor regalo fue nuestra compañía.

Nos bajamos a la plaza y Víctor se fue a su casa y nosotros al bar con los primos de mi compañero y amigos. Y bueno allí la tertulia tuvo otros temas diferentes: el trabajo, la vuelta a este, la lotería…
Yo me puse al lado de una ventana y de vez en cuando ventilaba el local :-). Protestaban por el frío y yo protestaba por el humo. Nos acostamos a las 4 de la mañana. Algunos iban muy contentillos con algún cubata que otro. Pero no bebieron mucho. 3 cubatas en la noche. Yo una manzanilla y un zumo de naranja. No se vieron ni escucharon rondas. La tradición se va perdiendo poco a poco.
Amigo Víctor
Mi Padre

martes, 23 de diciembre de 2008

La inocencia vestida de Navidad


Esta preciosa niña es mi/nuestra amiga Beatriz. Y nos ha enviado esta felicitación de Navidad. Ella es un angel de verdad. Es inocente y seguirá siendolo aunque tenga los años que tenga. Siempre será una niña cariñosa e inocente.







Y sobre todo mira con ojos de inocencia.
Como si no pasara nada, lo cual es cierto,
nada sucede...
Respirar, sobrevivir, ser, estar...,
como un niño/a toda la vida...
Solamente dar cariño, besos...
Recibir amor y más cariños...
Tal vez sea un regalo del cielo.

viernes, 19 de diciembre de 2008

EL FIN DEL MUNDO (ADMONICIÓN)


Foto cedida por Luz: http://www.arteyfotografia.com.ar/system/fotos.php?msgx=El+comentario+ha+sido+enviado+correctamente.&foto=155127







Dentro de la parroquia había diferentes habitáculos. Estaba distribuida como un gran laberinto. Su interior apestaba a humedad podrida, a vaho, relente helado. A rocío que la tierra iba robando, iba empapando y sacando el jugo de las profundidades del mar.
Techos con moho de donde pendían telas de arañas negras, en donde el bicho se había disecado. Suelos húmedos y encharcados que anegaban y enlodaban las habitaciones de la iglesia. Por momentos se llenó de feligreses, era una especie de hervidero humano enfangado.
Yo buscaba un lugar para acomodarme y acoplar a los míos. Y cuando arreglé un trozo del lugar, una señora con sus 10 hijos me dijo que porque no se lo cambiaba, que así ella tendría más posibilidades de sobrevivir con sus hijos. De su boca desdentada y mal oliente salían palabras como - Admonición, el fin del mundo - decía. Mi corazón se encogió, se estremeció y mi mente se puso en alerta y a divagar.

Pronto asocié que íbamos como borreguitos a morir en el interior de una iglesia endemoniada. Toda apurada me apresuré a mirar que había al otro lado de la puerta del habitáculo. Se divisaba por pequeñas rendijas que apenas entraba un halito de oxigeno envuelto en niebla, la mar. Una inmensa mar alterada, y un cielo negro como el infierno a punto de estallar, y lanzar culebras, leones, perros rabiosos de rabos enormes con enormes colmillos. Bestías nunca vistas antes con hambre y dispuestas a devorar todo lo que se cruzara en su camino. Los colmillos de los bichos, alimañas perversas y malignas de cuatro patas, eran afilados para triturar los huesos y que no quedara nadie con vida.

Me invadió el miedo y me llevé a mi familia de allí, sabía que si nos quedábamos en el lugar, seriamos pasto de las llamas y nada podría salvarnos. Aunque también pensé que nadie nos salvaría de la iglesia maldita y endemoniada. Era un lugar preparado para la muerte.

De pronto el silencio se instaló en la iglesia y algunos niños que aun jugaban tuvieron que ser chistados y regañados por los curas. Toda la jerarquía de la iglesia entraba por el angosto pasillo. En sus manos portaban velas que iluminaban el lugar. La gente metía sus manos en enormes pilas de agua podría. Era el agua vendita que se había podrido porque el lugar estaba endemoniado. Yo también metí mi mano y me santigüe. Intuía que del lugar nade saldría con vida para contarlo. Algo me decía que seriamos pasto de las llamas y la sangre seria nuestro combustible para arder y hacer desaparecer el lugar, y a miles y miles de personas que fueron inducidas al lugar buscando no sé qué.

Yo intenté salir del sitio y que la sentencia demoniaca no se cumpliera. Pero al abrir el portón de la iglesia, una manada de perros rabiosos, leones hambrientos y hienas mal olientes, dejaban a su paso sangre y personas descuartizadas que habían salido antes que yo o que aun no habían entrado en la cienaga de la iglesa. Cerré el portón de nuevo como si pesara como una pluma. Me puse de espaldas a la puerta y al desastre que se estaba barajando en la calle, y el que estaba por venir en poco tiempo allí dentro.

Algo enorme con alas y sombra negra atravesó mi cuerpo poseyéndome. Era el Ángel Lucifer. Fui la elegida para vivir y reinar el montón de cadáveres, y cenizas que en pocos momentos se iban a esparcir por la iglesia y sus alrededores. Lucifer entró en mi cuerpo, y todo mi ser se contorsionaba, se negaba pero a la vez disfrutaba de su sexo, de sus caricias y su olor a cenizas. El olor de su escoria y de los residuos del infierno, me excitaban y gemía de placer.

Un gran trueno ensordeció los oídos de todos menos el mío. Las gentes se echaron mano y taparon sus orejas con una expresión de horror en sus ojos. Al final de una línea vi como a mi padre no le afectó. Y pensé, en su sordera y que está al final le iba a beneficiar e iba a acortar su sufrimiento. Mientras los demás gritaban de dolor, él estaba atontado, pasmado, como lelo. Supe que él no sufriría y ahí me encomendé al diablo para que todo acabara y a nadie le sucediera nada.

Un ruido en el techo me despertó. Pensé que era el momento. Pensé: Por fin el cielo nos traga, el mar nos engulle y las fieras nos despedazan.

Pero alguien corría algo muy pesado en el techo de mi habitación. Mis ojos se abrieron como platos y mi corazón se aceleró. En ese momento me di cuenta que todo era un sueño, y que me habían despertado los obreros que están arreglando mi tejado. Cada día los maldigo por despertarme, pero hoy los he alabado y he deseado lo mejor para ellos.

Ufffffffffffffffffff, que desazón si no me ha dado un infarto durmiendo, ha sido un milagro. Parece que soy la elegida para algo, esperemos sea para bien. Este sueño lo he tenido hoy. No se lo deseo ni a mi peor enemigo.

martes, 16 de diciembre de 2008

Fugacidad



FUGACIDAD

La mañana está bruñida,
pero transcurre rauda, veloz...
Su luz de oro purpura ya se ha desmayado,
y con ello la noche a llegado.
Nuestra vida corre a pasos vertiginosos, agigantados...
Es similar a la alborada y efímera aurora.
¡¡¡Vive, vive lo que puedas, y no derroches ni una mota!!!
¡¡¡Ni una brizna de vida!!!.
No cierres los ojos como hacen las estrellas de día.
¡¡Mira la luz del sol!!
¡¡Mirá sus rayos!!
¡¡Bébetelos...!!
Ellos harán que te ilumines,
igual que alumbra la luna en las noches sombrías.
Bebe, bebe el agua de la laguna,
del riachuelo igual que hacen los nenúfares.
Vive rápido...
Que la vida es tan fugaz como los hados.
Ábrete al mundo,
como se abren las flores al nuevo día, y vive, vive…

viernes, 12 de diciembre de 2008

No a los murmuradores

Era un buen hombre, trabajador y sencillo. Se llamaba Jeremías. Después de mucho esfuerzo para juntar sus ahorros compró un huerto en el cultivaba verduras que luego vendía en el mercado. Otra ilusión que tenía: comprar un burro para que le ayudara a llevar las cosas y productos al mercado. Llegaron las ferias de San Miguel y por fin vio colmado su deseo y adquirió el burro deseado.
Lleno de alegría emprendió el regreso de vuelta a casa. Junto con su hijo y el borrico. Por no cansar demasiado al animal, al que comenzaron a tener gran cariño, los dos iban andando. Al pasar por un caserío y ver la cara de satisfacción de padre e hijo, oyeron comentar a la gente: “Jeremías parece tonto. Tiene burro y van caminando padre e hijo”.
Percibiendo lo sensato de la observación, y teniendo en cuenta los pocos años de Tomasín, le hizo subir al burro.
¡Ojalá no lo hubiera hecho! Porque, apenas lo divisaron los de otro caserío, exclamaron con santa indignación:

- Parece mentira que un muchacho tan joven vaya tan cómodo y su padre a pie. Dicho y hecho: Tomasín dejó la montura a su padre y prosiguieron el camino llenos de gozo. Poco más adelante aparecieron unas señoras que comenzaron a murmurar en alto:
- Miren qué cariño el del padre al hijo. Él tan grandote, montado y el crío andando.
Siempre atento Jeremías a las razones de los demás, hizo que también el crío se montara en el burro. Ambos iban felices cuando aparecieron las voces de unos vecinos que le conocían:
- Qué pasa Jeremías, ¿quieres matar al burro el primer día, haciéndole cargar con dos?
Jeremías y Tomasín hicieron un alto en el camino. Entonces pensaron un plan para llegar a casa con el burro, sin ser blanco de las críticas ajenas… Su mujer, que aguardaba impaciente, no podía dar crédito a lo que vieron sus ojos:
- ¡Qué ocurrencia! ¿A quién se le ocurre traer el burro en brazos?
- Mujer – musitó Jeremías, ya sin fuerzas: - “Era la última posibilidad. No nos quedaba otra”.
Después de contar lo ocurrido, su mujer le convención para que desde entonces hiciera lo que creyera justo, sin prestar oídos a los murmuradores. Feliz como antes, respetando a los demás, se dedicó a su trabajo. Ahora con el burro que le proporcionó mejor y más descansada vida.

Frases de Murmuración.
• Ni gusto de murmurar ni consiento que delante de mí se murmure; no escudriño vidas ajenas ni soy lince de los hechos de otros. Cervantes quijote, 2ª p. cap. XVI
• Tanto vale ser alabado de los buenos como vituperado de los malos. Cicerón.
• Si observáis cuidadosamente quiénes jamás encuentran una alabanza para otros, que siempre calumnian, que de nadie están contentos, hallaréis que son precisamente aquellos de quienes nadie está satisfecho. Bruyére.
•Convendría imponerse esta regla de conducta: no repetir nunca una afirmación malévola sin contrastar antes si es cierta. La verdad, sin embargo, sería que se suprimiría toda conversación. Maurois, A.
• Por ruin que haya sido el pecado, son más ruines los que de él se gozan. G.Miró.
• El que de los otros habla mal, a sí mismo se condena. Petrarca.

Cuento y frases copiadas de un librillo

lunes, 8 de diciembre de 2008

LA NIEBLA

Este fin de semana ha habido mucho agua y niebla, y a raíz de esto, pues me he puesto a inventar aventuras. Bueno la verdad, esto lo he escrito esta mañana. Y los dos minicuentos tienen su moraleja. :-)

También una amiga nos ha regalado unas almendras y avellanas :-), bueno en realidad hicimos trueque en el verano, nosotros la dimos un tarro de miel y y ella nos da almendras y avellanas de sus árboles. Y es muy agradable hacer este cambio. Todos salimos beneficiados. Maite :-) cuando nos veamos en Navidades, te llevo otro tarro de miel, pero ya sin cambios, solo porque quiero. ¿Vale?. Vuestras avellanas están muy ricas y tengo para varios meses, y además tienen montones de beneficios para el corazón, y seguro estaré más cardiosaludable.


LA NIEBLA.

El monte se llena de misterio mientras la niebla va cayendo y envolviendo el paisaje en una nube de densa humedad. Aquí, es cuando las fuerzas de la naturaleza se unen a los habitantes de un lugar castigados por un ente malévolo que murió solo y despreciado por su estética. Nadie se dio cuenta de que su corazón sufría y de que era una persona muy bella de corazón y con poderes de sanación en su mente y manos.

En Los Montes de Toledo, habitan un millar de personas, que como todos los humanos de otros lugares y galaxias, quieren poco a poco ir formando sus familias, con el fin de que éstas se vayan multiplicando y el lugar no se fuera muriendo y quedando en el olvido. Ambicionaban y siguen ambicionado que sus montes no se convirtieran en parajes de pueblos fantasmas. Pero el lugar estaba condenado por un hombre lleno de odio y hastiado, cargado de rencores porque no pudo ser feliz. Él fue la persona más fea de todo el lugar, su cara era repugnante con ojos saltones y las venas hinchadas. Su rostro lleno de cráteres por la viruela. Sus orejas eran como dos grandes abanicos que, con el aire, formaban remolinos e iban haciendo daño en haciendas y hasta dejaron ciegos a algunos niños que se burlaban del pobre monstruito. Tuvo mala suerte al nacer: su propia madre lo abandonó y repudió. No lo amamantó al ver a una criatura parecida a una iguana. Su piel era escamosa y sus dedos como garfios. Era una criatura deformada que encima se crió sin cariño. Fue un ser despreciado por todas las personas del lugar.
Nadie se dio cuenta que tenía un corazón bueno y que sus manos, con dedos afilados y uñas de gavilán, podían sanar. Nació con un don : ¡era un semi –dios! Tantos desprecios, tanta amargura tenía en su alma, que se fue haciendo malvado. La envidia era una de las cualidades que adquirió después de recibir tantas humillaciones. Y cada vez que iba a nacer un niño, su mente maquinaba y se obsesionaba con que se tenía que morir. No quería que los habitantes que tantas veces lo habían vilipendiado y se habían burlado de él, fueran felices ni que procrearan. Su intención era hacer desaparecer ese pueblo que lo dejó solo y tantas veces sus moradores lo apedrearon, y lo trataron como a un ser horroroso, sin tener en cuenta, que lo más importante de los humanos no es la estética sino en la bondad de su corazón. No supieron que entre ellos habitaba un ser lleno de bondad que podría curar sus enfermedades, tan solo con su mente o sus manos. Y lo convirtieron en un gran monstruo, al qué hasta las serpientes obedecían.

Afortunadamente la naturaleza no se alío con él y cuando una mujer embarazada tenía que dar a luz, llamaba al viento y a la niebla, para envolverla y que el ente maligno no hiciera de las suyas. Todas las mujeres salían de Los Montes de Toledo para poder tener a sus bebes y que la vida continuara su proceso.
Una de las madres que en ese momento tuvo que cruzar los montes con niebla, no la dio tiempo a salir de los campos, pues sus ropas se engancharon en un árbol y allí mismo tuvo a su bebé. Era una criatura fea como su tío, pues ella era hermana del ente malévolo que años atrás, murió recostado en las raíces de ese árbol porque ya no quiso vivir más, y decidió dejar de respirar para no sufrir más humillaciones, desprecios y maltratos por parte de niños y adultos. La criatura que dio a luz, era igual de fea que su tío, pero su madre allí mismo lo amamantó y arropo como pudo con sus ropas y cuerpo. Cuidó con esmero y todos los del lugar lo terminaron aceptando aunque era tan feo como el malévolo y le trataron como a uno más. Se crió como cualquier otro niño, con cariño y desde ese momento, el pueblo vivió en paz y la maldición se extinguió.


LA AVELLANA

Erase una vez un matrimonio recién casado de hormigas, que querían hacer su luna de miel pero no tenían posibles para viajar. Esa noche después de mucho andar, llegaron a un enorme árbol del que pendían diminutas bolitas; eran avellanas. El suelo estaba cubierto de este fruto. Unas avellanas aun sin abrir, y otras ya abiertas y sin el fruto dentro de ellas. Las ardillas eran muy diestras en partir por la mitad o hacer un agujerito y comerse la rica y nutritiva avellana, que hay dentro de la cascara de madera. Tan cansada estaba la pareja de hormigas, que decidieron pernoctar dentro de una cascara a la que solo le faltaba un trocito de madera y aun quedaba en su interior más de media avellana en perfecto estado.

La hormiga macho, con mucho trabajo y sudor, pudo meter dentro de la avellana una hoja seca y olorosa de un Eucaliptus que había muy cercano. Esta hojita hizo las veces de sabana, y otra hojita de Rosa fresca que encontró en las inmediaciones del lugar, hizo las veces de manta. El agujerito por donde entraron a la vivienda recién construida, lo tapo con un remolino. Un diente de león blanco, esponjoso como un trozo de algodón, que dejó entrar oxigeno en el habitáculo. La noche de boda fue muy olorosa y cargada de amor y sentimientos.

Al día siguiente un enorme huracán invadió el bosque y las desplazó rodando colina abajo. Las hormiguitas asustadas y dándose cabezazos entre ellas y entre las paredes de la avellana, estaban casi mareadas. La hojita de Rosa y la hojita de Eucaliptus por un momento hicieron las veces de un gran globo que vuela por el cielo y el aire lleva a su antojo, y las dos hormigas se agarraron a las hojitas hinchadas y quedaron estabilizadas. El remolino con el vaivén del viento y en su rodar, se hizo un gran tapón cubierto de arena y barro. La avellana de pronto en una gran ola entró; el viento arrastró a la avellana y hasta el mar mediterráneo la llevó. Jamás pensaron en una luna de miel surcando las olas de un bravío mar. Como el agujerito quedó taponado, ellas estaban a oscuras y no veían nada. Decidieron que se tenían que subir encima una del otro y así hacer un pequeño agujero por donde poder ver y que les entrara oxigeno. Gervasio se agachó y su cabeza metió entre las piernas de lolita para subirla y que fuera más alta, así su compañera quedó subida al chigüín y con sus dientes y manos hizo un pequeño agujero por donde se veían las estrellas. Era una linda noche cargada de estrellas y luna llena. Y de vez en cuando entraba una pequeña gotita de agua que unos juguetones delfines ocasionaban cuando salpicaban con sus piruetas. Les parecía increíble tan linda luna de miel. Allí los dos juntos contemplando las estrellas y sintiendo el canto y juegos de los delfines. A demás, tenían media avellana para alimentarse por un mes, agua en abundancia para beber y asearse, oxigeno y una mullida y olorosa cama.

Eran la pareja más feliz del mundo. Eran pobres pero en ese momento lo tenían todo. Eran felices y la fortuna había venido a visitarlos. Y así una pareja de enamorados tuvieron su sueño de hacer una bonita luna de miel.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Puzle de mi vida aun sin terminar

El puzle de mi vida comenzó con la primera pieza al nacer yo. Claro que mi puzle ya estaba empezado ¡¡¡O tal vez no!!! Bueno, sea como sea, la primera pieza que encaja en mi corazón y en la unión sanguínea es mi hermano. Y a esté puzle también se añaden dos piezas más, mis padres. Total era un puzle perfecto de cuatro piezas. A estas piezas se fueron uniendo más piezas mis abuelos, mis tíos... Y así fue creciendo con el árbol genealógico de mi familia. Pero hubo una desgracia muy grande. Un día la pieza principal que me dio la vida, se fue, se perdió en otro mundo, y nunca más volvió. Con cuatro años, una parte muy importante del puzle de mi vida, quedó fuera de él. Esa pieza tan importante era mi madre. Con esta perdida, el puzle andaba algo alborotado, roto y nunca más encajó del todo. Ahí quedaba ese hueco pendiente que nadie nunca pudo ocupar su lugar. Aun hoy día después de 44 años, mi puzzle está herido, roto por el centro, justo en una parte vital de mi corazón. Menos mal que la parte izquierda de un trozo del puzle pertenece al corazón de mi hermano aun está intacto, y a él, con el tiempo se ha ido añadido dos trozos más que encajan las piezas perfectas, y son mis sobrinos…

Con el paso de los años se va resquebrajando el puzle, se añaden trozos que lo rejuvenecen pero se pierden otros trozos que son necesarios. Los abuelos se van yendo del puzle.
Mi puzle ha tenido muchos vaivenes y lo han formado muchas personas. Niñas que como yo compartimos juegos, risas, ropas, comida, cariño… y niñas que igual que a mí, su puzle por azares de la vida se les perdió una de las piezas centrales. Nunca sabré como hubiera sido mi vida en otras circunstancias, sí sé cómo fue cuando se añadieron montones de piezas que tuve que ir situando y encajando con el día a día en el hospicio.
Hoy ya tengo edad para pensar y saber que me tocó perderme una parte muy impórtate de mi vida, que no tuve las caricias ni consejos de una madre. Sí puedo decir que recibí muchos palos y mi corazón se llenó de amargura. Pero también sé que mi puzle lo han formado durante mucho tiempo un lugar con muchas niñas, risas, colores y diferentes perfiles, el orfanato donde me crié, estaba lleno de criaturas como yo. Y sé que soy como soy, por la educación que en él recibí. No me crié con un solo hermano y sí con cientos de hermanas que igual que yo perdieron su pieza y encontraron otras piezas que fueron ensamblando.

A veces encontramos trozos que añadimos a nuestro puzle y estos trozos son los amigos. Hay trozos del puzle que nos dan sufrimiento y nos dejan heridas al traicionarnos, pero hay otras piezas, que nos dan alegrías. Inexcusablemente algunas dejan una huella de dolor a su paso y una marca de la herida que originó, que como una diminuta cicatriz, en un principio duele hasta bufar, para finalizar dejando tan solo una señal que con el tiempo, casi ni la vemos o que solo nos acordamos de ella en detalladas ocasiones. Son pedazos que se unen y desunen y que es lo que nos hace distinguir la tristeza de la alegría y el dolor del gozo. Y mientras tanto nuestro puzle se va armando unos días con nubarrones y tormentas y otros días con brillante sol, y un gran arcoíris que alimenta el paisaje de nuestro corazón.